Real

viernes 10 de julio de 2009

Decidí volar. Era para escapar de algo, una terrible tormenta de arena quizás, pero que estaba muy lejos. Se acercaba como una gran masa de pan, a paso lento y decidido. Yo moría de miedo, pero al mismo tiempo sabía que podía volar y que no me alcanzaría si emprendía el vuelo. Así que mirando al cielo me alcé, de un salto llegué a los 15 o 20 metros. El impulso terminó y, después que quedar suspendido unos segundos, comencé a caer. El miedo también estaba ahí pero aún sabía que podía volar, así que cerré los ojos, me concentré y logre elevarme otra vez. Así iba, cayendo pero levantándome con esfuerzo cada vez más alto. Pude ver como los cuatro extremos que me rodeaban, los cuatro horizontes, se extendían a lo lejos mientras ganaba altura, podía ver y comprobar, por primera vez, la forma esférica de la tierra. Era increíble, cómo todo se hacía pequeño y yo llegaba a la cima del mundo. Olvidé mencionar que era noche, así que todo se veía aún más claramente gracias las luces de las casas en la ciudad. No sabía a donde iba exactamente, ya todo el temor por la gran masa que se me asechaba se había perdido, quedó en su lugar nada más que un ser casi en estado de shock, por la maravilla de la que era testigo: volar, volar hacia arriba y ver la forma esférica de la tierra.

Me encontré de pronto en una hondonada verde, el sol brillaba con todo su esplendor y no era para nada molesto, todo cubierto de fino pasto simetricamente repartido y en medio, una especie de arreglo florar, con plantas y flores que nunca había visto antes. Los colores eran intensos, puros, como si le hubieran aumentado la gama de colores a la realidad. Pase mi mano por encima de las plantas para acariciarlas, todo era demasiado perfecto como para atreverme a algo más. Quedé paralizado, convencido de que realmente había llegado a un lugar único, lejos del mundo que conocía. Mis ojos se abrían tanto como podían, les resultaba difícil creer que algo así podía existir. Yo por otro lado, trataba de grabar en mi memoria tanto como pudiese, sabía que algo así, aparte de ser increíble, no duraría mucho.

En anteriores ocasiones, me había encontrado en situaciones similares, nunca ante semejante perfección, pero sí en lugares extraños y desconocidos. Y en todas había podido salir de allí sin ningún problema. En esta ocasión era distinto, me dí cuenta que no podía salir. Toda la belleza y perfección quedaron de lado, ya no importaba, ¡no quería pasar el resto de mi vida allí solo! Trataba y trataba de regresar pero me era imposible, aquello ya no era un sueño, no señor, era real, tan real como el agua con la que le lavo en las mañanas, tan real como que había quedado solo en aquel lugar desconocido y perfecto.

De algún modo, con el ultimo esfuerzo y lleno de miedo y desesperación, logré regresar. Pero no me encontraba en mi cama, ni mucho menos en mi casa. Estaba en el patio recreacional de un hospital psiquiátrico. Recobré el sentido justo cuando daba una de mis, según los médicos, acostumbradas vueltas al patio, con mi camisa de fuerza. Pude ver a los que conocía, e inmediatamente me puse a hablar con ellos, con la cordura natural que ellos, seguramente, habían dejado de presenciar hace mucho.

Todo volvió a su curso natural, sin embargo yo me quedé con un profundo miedo, porque estoy convencido de que ese lugar, a pesar de ser seguramente el sitio donde todos los locos van, un sitio tan perfecto con colores tan claros y vivos que trasciende cualquier cosa existente en este mundo, es por sobre todo, un sitio muy, muy real.

Celus y sms

miércoles 1 de julio de 2009

Y mientras recordaba el por qué de mi repulsión a los celulares, me dí cuenta, y gracias al amigo Rafu que debo mencionar y agradecer, que no tengo ningún odio a esos aparatos, de hecho son bastante utiles. Luego traté de enfocarme en el text messaging, pero no, tampoco son los mensajes de texto lo que me disgusta. Tanto los celulares como los mensajes de texto me agradan, es la gente la que me disgusta.

Nevermore!

miércoles 27 de mayo de 2009

Esta ya se la sabe el Rafu

"Y mi alma, esa sombra que allí flota fantasmal, no se alzará... nunca más."


Vincent Malloy